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El hígado graso es la acumulación de grasa dentro de las células del hígado. Es la enfermedad hepática más frecuente en Chile y en el mundo, y en la mayoría de las personas es benigna. En una parte de los casos, sin embargo, la grasa se acompaña de inflamación y con los años puede llevar a fibrosis y cirrosis. La buena noticia es que se puede detectar a tiempo y, sobre todo, mejorar con cambios en el estilo de vida.

Un nombre nuevo: de “hígado graso no alcohólico” a MASLD
Durante años esta enfermedad se llamó “hígado graso no alcohólico” (en inglés, NAFLD). En 2023 un consenso internacional de sociedades de hepatología cambió el nombre a esteatosis hepática metabólica, cuya sigla en inglés es MASLD. El cambio busca dos cosas: describir mejor el origen metabólico de la enfermedad y evitar términos que resultaban confusos o estigmatizantes para los pacientes.
En la práctica, si a usted le dijeron que tiene “hígado graso”, “esteatosis hepática”, “hígado graso no alcohólico” o “MASLD”, se están refiriendo a lo mismo. Conviene conocer estos términos:
- Esteatosis hepática: acumulación de grasa en el hígado. Es sinónimo de hígado graso.
- MASLD: hígado graso asociado a al menos un factor de riesgo cardiometabólico (sobrepeso, diabetes o prediabetes, presión alta, colesterol o triglicéridos elevados). Es la situación más común.
- MASH (antes NASH): cuando además de grasa hay inflamación y daño de las células del hígado. Es la forma que puede progresar.
- MetALD: hígado graso metabólico en una persona que además consume alcohol en cantidad relevante.
¿Por qué se produce?
El hígado graso está estrechamente ligado a la forma en que el cuerpo maneja el azúcar y las grasas. El mecanismo central es la resistencia a la insulina, que favorece que la grasa se deposite en el hígado. Por eso aparece con frecuencia junto a:
- Sobrepeso y obesidad, en especial la grasa abdominal.
- Diabetes tipo 2 o prediabetes.
- Colesterol o triglicéridos elevados.
- Presión arterial alta.
Cada vez es más común, eso sí, encontrar hígado graso en personas delgadas o sin estos factores, por lo que su ausencia no descarta el diagnóstico.
¿Qué tan frecuente es?
Muy frecuente. Se estima que alrededor de una de cada cuatro personas en el mundo tiene hígado graso, y en Chile las cifras son similares, en línea con la alta prevalencia de obesidad y diabetes. La mayoría nunca tendrá complicaciones serias, pero por ser tan común, el hígado graso ya es una de las principales causas de enfermedad hepática crónica y de cáncer de hígado.

¿Da síntomas?
Habitualmente no. El hígado graso suele ser un hallazgo, y se descubre de dos maneras:
- En una ecografía abdominal pedida por cualquier motivo, que muestra un hígado “brillante”.
- Por transaminasas levemente elevadas en un examen de sangre de rutina.
Algunas personas notan una molestia leve en el costado derecho del abdomen. Los síntomas de enfermedad hepática avanzada, como ictericia, ascitis o encefalopatía, aparecen solo cuando ya hay cirrosis, y son la excepción.
¿Cómo se estudia?
Lo más importante no es solo confirmar que hay grasa, sino estimar cuánta fibrosis (cicatriz) tiene el hígado, porque eso define el pronóstico. Hoy esto se hace en gran parte sin necesidad de pinchar el hígado:
- Índices de sangre como el FIB-4, que combinan edad, transaminasas y plaquetas.
- Elastografía (por ejemplo FibroScan), que mide la rigidez del hígado.
La biopsia hepática se reserva para casos en que persiste la duda o se sospecha otra causa. Cuando las transaminasas están elevadas, además conviene descartar otras enfermedades como hepatitis B, hepatitis C, hemocromatosis y hepatitis autoinmune.
Tratamiento
La base del tratamiento son los cambios en el estilo de vida, que pueden revertir la grasa e incluso mejorar la fibrosis:
- Bajar de peso. Una reducción del 7 al 10% del peso corporal produce beneficios claros en el hígado.
- Alimentación con menos azúcar, harinas refinadas y bebidas azucaradas. El patrón mediterráneo es el más respaldado.
- Actividad física regular, aun sin bajar mucho de peso.
- Evitar el alcohol y los medicamentos innecesarios.
- Controlar la diabetes, el colesterol y la presión, porque la principal causa de muerte en estos pacientes es cardiovascular.
En personas con MASH y fibrosis significativa, en 2024 se aprobó en Estados Unidos el primer medicamento específico, el resmetirom, que en un estudio de fase 3 mejoró la inflamación y la fibrosis del hígado. Otros fármacos usados para la diabetes y la obesidad (como los agonistas de GLP-1) también muestran resultados prometedores. En Chile la disponibilidad de estas terapias aún es limitada, y la indicación siempre debe hacerla su médico.
¿Cuál es el pronóstico?
Tranquilizador para la mayoría. La mayor parte de las personas con hígado graso no desarrollará una enfermedad grave del hígado. El riesgo se concentra en quienes tienen inflamación y fibrosis, y es justamente en ellos donde el diagnóstico oportuno y el tratamiento hacen la mayor diferencia.
Vea también
Referencias
- Rinella ME, et al. A multisociety Delphi consensus statement on new fatty liver disease nomenclature. J Hepatol. 2023;79(6):1542-1556.
- Rinella ME, et al. AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease. Hepatology. 2023;77(5):1797-1835.
- Harrison SA, et al. A Phase 3, Randomized, Controlled Trial of Resmetirom in NASH with Liver Fibrosis. N Engl J Med. 2024;390(6):497-509.
- Younossi Z, et al. Global Perspectives on Nonalcoholic Fatty Liver Disease and Nonalcoholic Steatohepatitis. Hepatology. 2019;69(6):2672-2682.