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La enfermedad hepática por alcohol es el daño del hígado producido por el consumo excesivo y prolongado de alcohol. No es una sola enfermedad, sino un espectro que va desde el hígado graso sin síntomas hasta la hepatitis alcohólica y la cirrosis. La buena noticia es que dejar de beber mejora el pronóstico en todas las etapas, incluso cuando ya hay cirrosis.

Botella de licor

Si a usted le han dicho que su hígado está dañado por el alcohol, lo más importante que debe saber es esto: la abstinencia es el tratamiento más eficaz que existe, y nunca es tarde para que ayude. Este artículo explica qué cantidad de alcohol implica riesgo, cómo se manifiesta el daño y qué se puede hacer en cada etapa.

¿Cuánto alcohol daña el hígado?

Casi todas las personas que beben en exceso desarrollan hígado graso, pero solo una parte llega a tener hepatitis alcohólica o cirrosis. El riesgo aumenta con la cantidad y los años de consumo. Como referencia, se ha descrito riesgo de daño hepático con ingestas mantenidas del orden de 40 a 60 gramos de alcohol al día en hombres y de 20 a 40 gramos en mujeres, durante varios años. Un consumo mayor, cercano a los 80 gramos diarios por 10 o más años, se asocia a un riesgo claramente elevado.

Para hacerse una idea, un vaso de vino, una lata de cerveza o un trago de destilado aportan cada uno alrededor de 10 a 14 gramos de alcohol. Conviene tener presente algunos matices:

  • Las mujeres son más susceptibles y desarrollan daño con cantidades menores que los hombres.
  • Beber a diario y fuera de las comidas aumenta el riesgo respecto de un consumo ocasional.
  • Los atracones (mucho alcohol en pocas horas) también dañan.
  • Otros factores suman: obesidad e hígado graso metabólico, hepatitis C, tabaquismo y ciertos rasgos genéticos.

No existe una cantidad garantizada como segura para el hígado. Estas cifras orientan sobre el riesgo, pero no marcan un umbral por debajo del cual beber sea inocuo.

Nomenclatura: ALD y MetALD

En la literatura actual esta condición se denomina ALD (enfermedad hepática por alcohol, por su sigla en inglés). En 2023 un consenso internacional actualizó los nombres del hígado graso e introdujo una categoría útil en la práctica: MetALD (metabolic ALD), que describe a la persona que tiene hígado graso por causa metabólica (sobrepeso, diabetes, colesterol alto) y además bebe alcohol en cantidad relevante. Es una situación muy común, porque las dos causas de daño se potencian. Reconocerla importa, ya que el tratamiento debe abordar ambos frentes: bajar de peso y controlar el metabolismo, y a la vez reducir o suspender el alcohol.

Las tres etapas del daño

El daño por alcohol se ordena en tres etapas que pueden coexistir en un mismo hígado.

  • Enfermedad hepática por alcohol (ALD). Es la etapa inicial y la más frecuente. El hígado acumula grasa y puede aparecer incluso tras un consumo excesivo breve. Casi siempre es asintomática y se ve en una ecografía. Es completamente reversible al dejar de beber.
  • Hepatitis alcohólica. Es una inflamación del hígado que puede ser leve o muy grave. En su forma grave tiene una mortalidad alta y requiere manejo hospitalario.
  • Cirrosis. Es la cicatrización avanzada e irreversible del hígado, resultado de años de daño. Puede complicarse con ascitis, hemorragia por várices esofágicas y encefalopatía hepática.

¿Cómo se manifiesta y cómo se estudia?

En las etapas iniciales no suele haber síntomas, y el daño se sospecha por exámenes de sangre alterados o por una ecografía. Algunos hallazgos de laboratorio orientan hacia el origen alcohólico:

  • Elevación de las transaminasas con una relación GOT/GPT (AST/ALT) mayor a 2, y valores absolutos habitualmente bajo 300.
  • Aumento de la GGT, que sugiere consumo de alcohol aunque no es específico.
  • Aumento del volumen corpuscular medio (VCM) de los glóbulos rojos.

Ninguno de estos exámenes confirma por sí solo el diagnóstico. Para estimar cuánta fibrosis (cicatriz) hay se usan hoy métodos no invasivos como la elastografía (por ejemplo FibroScan). La biopsia hepática se reserva para casos con dudas diagnósticas o cuando coexisten otras causas de enfermedad hepática.

Un aspecto delicado es reconocer el consumo. Muchas personas minimizan cuánto beben, a veces sin darse cuenta. Un cuestionario breve, conocido como CAGE, ayuda a orientar la conversación:

  1. ¿Ha sentido que debería reducir su consumo de alcohol?
  2. ¿Le ha molestado que otros critiquen su forma de beber?
  3. ¿Se ha sentido culpable por beber?
  4. ¿Ha bebido en la mañana para calmar los nervios o quitar la resaca?

Dos o más respuestas afirmativas hacen probable un trastorno por consumo de alcohol. Responderlo con honestidad, en un ambiente sin juicios, es el primer paso para recibir ayuda.

Hepatitis alcohólica grave

La hepatitis alcohólica grave es la manifestación más seria y de manejo más urgente. Se presenta con ictericia, decaimiento, falta de apetito y aumento del tamaño del hígado, en una persona con consumo reciente e intenso de alcohol. La bilirrubina sube y el tiempo de protrombina se prolonga en proporción a la gravedad.

Para medir esa gravedad y decidir el tratamiento se usan puntajes o scores:

  • El score de Maddrey (función discriminante). Un valor mayor a 32 identifica la forma grave, con alta mortalidad a 30 días. Hoy este puntaje es prácticamente de interés histórico, ya que no se usa actualmente en la práctica clínica.
  • El puntaje MELD, que también predice el pronóstico y se usa de forma equivalente.

En los casos graves seleccionados, y siempre que no haya una infección activa o una hemorragia digestiva, se pueden indicar corticoides (prednisolona) por cuatro semanas. Su beneficio es modesto: el gran estudio STOPAH mostró apenas una tendencia a reducir la mortalidad precoz, sin ventaja a los 90 días o al año, y con más infecciones. Por eso la decisión se toma con cuidado, caso a caso.

Alrededor del día 7 de tratamiento se evalúa la respuesta con el score de Lille. Un valor sobre 0,45 indica que el paciente no está respondiendo a los corticoides, situación en la que conviene suspenderlos y considerar otras opciones. La pentoxifilina, que antes se usaba, no demostró beneficio en el estudio STOPAH y ya no se recomienda como terapia habitual.

Tratamiento: la abstinencia es la base

La piedra angular del tratamiento, en todas las etapas, es dejar de beber por completo. Ningún fármaco reemplaza este efecto. El beneficio es claro y a menudo notable:

  • En el hígado graso alcohólico, la grasa desaparece y el hígado se recupera.
  • En la hepatitis alcohólica, la abstinencia mejora la sobrevida a mediano y largo plazo.
  • En la cirrosis, dejar de beber reduce las complicaciones y prolonga la vida, incluso cuando el daño ya está establecido.

Dejar de beber es difícil, y lograrlo pocas veces depende solo de la voluntad. El trastorno por consumo de alcohol es una enfermedad, no una falla de carácter, y tiene tratamiento. Buscar apoyo es parte del cuidado del hígado, no un signo de debilidad. Ese apoyo puede incluir psicoterapia, grupos de ayuda, equipos de salud mental y, en casos seleccionados, medicamentos que reducen las ganas de beber. En Chile existen programas de tratamiento en la red de salud a los que su médico puede derivarlo.

Junto con la abstinencia, el manejo incluye una buena nutrición (estos pacientes suelen estar desnutridos), reposición de vitaminas como la B1 (tiamina) y el ácido fólico, y el tratamiento de las complicaciones de la cirrosis cuando existen.

Trasplante hepático

El trasplante hepático es una opción para personas con cirrosis alcohólica avanzada que han dejado de beber y cumplen los criterios de los programas de trasplante. Tradicionalmente se pedía un periodo de abstinencia previo, habitualmente de seis meses.

En los últimos años, para casos muy seleccionados de hepatitis alcohólica grave que no responde al tratamiento médico, se ha planteado el trasplante precoz, sin esperar esos seis meses. Un estudio pionero mostró que en pacientes cuidadosamente elegidos, con buen apoyo familiar y sin episodios previos, el trasplante temprano mejoraba mucho la sobrevida. Es una decisión compleja que se toma en centros con experiencia y con una evaluación rigurosa de cada caso.

Un mensaje sin culpa

El daño hepático por alcohol carga con un estigma que muchas veces hace que las personas oculten su consumo o eviten pedir ayuda, justo cuando más la necesitan. Vale la pena repetirlo: el trastorno por consumo de alcohol es una enfermedad tratable, y el hígado tiene una notable capacidad de recuperarse cuando se retira la causa del daño. Si a usted le preocupa su forma de beber, o le han dicho que su hígado está afectado, hablarlo con su médico a tiempo puede cambiar el curso de las cosas.

Vea también

Referencias

  1. Crabb DW, et al. Diagnosis and Treatment of Alcohol-Associated Liver Diseases: 2019 Practice Guidance From the American Association for the Study of Liver Diseases. Hepatology. 2020;71(1):306-333.
  2. European Association for the Study of the Liver. EASL Clinical Practice Guidelines: Management of alcohol-related liver disease. J Hepatol. 2018;69(1):154-181.
  3. Thursz MR, et al. Prednisolone or pentoxifylline for alcoholic hepatitis (STOPAH). N Engl J Med. 2015;372(17):1619-1628.
  4. Louvet A, et al. The Lille model: a new tool for therapeutic strategy in patients with severe alcoholic hepatitis treated with steroids. Hepatology. 2007;45(6):1348-1354.
  5. Mathurin P, et al. Early liver transplantation for severe alcoholic hepatitis. N Engl J Med. 2011;365(19):1790-1800.
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