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Encefalopatía hepática

La encefalopatía hepática es un deterioro del funcionamiento del cerebro que aparece cuando el hígado dañado deja de depurar bien la sangre y se acumulan toxinas, sobre todo amonio, que llegan al cerebro. No es una enfermedad de la cabeza, sino una consecuencia de la enfermedad del hígado, casi siempre de la cirrosis. Por eso, cuando la persona mejora del hígado o se corrige la causa que la desencadenó, la encefalopatía suele revertir.

Si usted acompaña a alguien con cirrosis, esto es lo más importante que debe saber: la encefalopatía se manifiesta como confusión, cambios de conducta o somnolencia, es tratable y muchas veces la desencadena algo concreto (una infección, el estreñimiento, una hemorragia) que se puede corregir. Reconocerla a tiempo evita que progrese hacia el coma.

¿Por qué se produce?

El hígado sano transforma el amonio y otras sustancias tóxicas que se generan en el intestino y las elimina. Cuando hay cirrosis, dos cosas fallan a la vez: el hígado tiene menos células capaces de hacer ese trabajo, y parte de la sangre que viene del intestino se salta el hígado por venas colaterales (la llamada circulación portal desviada). El resultado es que el amonio y otras toxinas alcanzan el cerebro y alteran su funcionamiento.

¿Cómo se reconoce? Síntomas

La encefalopatía puede ser leve y difícil de notar, o evidente. Conviene que la familia sepa reconocer estos signos:

  • Cambios de conducta y de carácter: irritabilidad, apatía o comportamiento poco habitual en la persona.
  • Confusión y desorientación: no sabe qué día es o dónde está, le cuesta seguir una conversación.
  • Alteración del sueño: somnolencia excesiva durante el día e insomnio de noche (el ciclo sueño-vigilia se invierte).
  • Lentitud, dificultad para concentrarse y pérdida de memoria.
  • Temblor de las manos al extender los brazos, como un aleteo (asterixis).
  • En los casos más graves, estupor y coma.

Un signo temprano y muy útil para la familia es que la persona empieza a dormir de día y a estar despierta y confusa de noche. Ante cualquier cambio brusco del estado mental en una persona con cirrosis, consulte pronto.

¿Qué la desencadena?

En la mayoría de los episodios hay un factor precipitante que conviene buscar y tratar, porque corregirlo es parte central del tratamiento:

  • Infecciones, muy en especial la infección del líquido de la ascitis (peritonitis bacteriana espontánea) y las urinarias.
  • Estreñimiento, que aumenta la producción y absorción de amonio en el intestino.
  • Hemorragia digestiva, por ejemplo por várices esofágicas; la sangre en el intestino es una fuente importante de amonio.
  • Deshidratación y alteraciones de los electrolitos, con frecuencia por uso excesivo de diuréticos, vómitos o diarrea.
  • Medicamentos sedantes o para dormir (benzodiacepinas, opioides), que deprimen aún más el sistema nervioso.
  • Consumo de alcohol y, a veces, un exceso brusco de proteínas.

Tratamiento

El tratamiento tiene dos frentes que van juntos: corregir el factor que desencadenó el episodio (tratar la infección, resolver la hemorragia, suspender el sedante, rehidratar) y reducir la producción y absorción de amonio en el intestino.

  • Lactulosa (primera línea). Es un azúcar no absorbible que acidifica el intestino, atrapa el amonio y acelera el tránsito para eliminarlo. Se ajusta la dosis hasta lograr dos a tres deposiciones blandas al día. Evitar el estreñimiento es clave, y la lactulosa también previene que los episodios se repitan.
  • Rifaximina. Es un antibiótico que casi no se absorbe y actúa sobre las bacterias del intestino que producen amonio. Se añade a la lactulosa, sobre todo para prevenir la recurrencia en quienes ya han tenido episodios, y reduce las hospitalizaciones.
  • Alimentación. Ya no se recomienda restringir las proteínas. Al contrario, la persona con cirrosis necesita un buen aporte de proteínas para no perder masa muscular, ya que el músculo ayuda a eliminar amonio. Se prefieren proteínas de origen vegetal y lácteos, repartidas durante el día, con una colación antes de dormir. Su médico o nutricionista debe guiar esto.
  • Evitar sedantes y revisar todos los medicamentos.

Pronóstico

La encefalopatía hepática es una señal de que la enfermedad del hígado está avanzada. Aunque cada episodio suele revertir con tratamiento, su aparición marca un cambio en el pronóstico y obliga a evaluar a la persona para un trasplante hepático, que es el tratamiento que resuelve de raíz la insuficiencia del hígado. Mientras tanto, mantener la lactulosa, prevenir el estreñimiento y las infecciones, y consultar temprano ante cualquier cambio de conducta son las mejores herramientas para evitar recaídas.

Vea también

Referencias

  1. Vilstrup H, et al. Hepatic encephalopathy in chronic liver disease: 2014 Practice Guideline by the AASLD and the EASL. Hepatology. 2014;60(2):715-735.
  2. European Association for the Study of the Liver. EASL Clinical Practice Guidelines on the management of hepatic encephalopathy. J Hepatol. 2022;77(3):807-824.
  3. Bass NM, et al. Rifaximin treatment in hepatic encephalopathy. N Engl J Med. 2010;362(12):1071-1081.
  4. Sharma BC, et al. Secondary prophylaxis of hepatic encephalopathy: an open-label randomized controlled trial of lactulose versus placebo. Gastroenterology. 2009;137(3):885-891.
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