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La ascitis es la acumulación de líquido en la cavidad abdominal. Aunque tiene muchas causas posibles, desde infecciones hasta insuficiencia cardiaca o cáncer, la más frecuente con diferencia es la cirrosis hepática. En una persona con enfermedad del hígado, la aparición de ascitis marca el paso a la llamada cirrosis descompensada y suele ser el primer signo visible de que el hígado ya no compensa bien.
Este artículo se centra en la ascitis de origen hepático: por qué se produce, cómo se estudia, cómo se trata y por qué es importante reconocer a tiempo sus complicaciones, en especial la infección del líquido.

¿Por qué se produce la ascitis en la cirrosis?
En la cirrosis, el tejido cicatricial obstaculiza el paso de la sangre a través del hígado. Esto aumenta la presión en la vena porta, que es la vena que lleva la sangre del intestino al hígado, un fenómeno llamado hipertensión portal. Esa presión elevada, junto a cambios en la circulación que hacen que el riñón retenga sal y agua, favorece que el líquido salga de los vasos y se acumule en el abdomen. Por eso la ascitis casi siempre aparece cuando la cirrosis ya está avanzada.
Síntomas de la ascitis
La ascitis suele instalarse de manera gradual. Muchas personas notan primero un aumento de peso por retención de líquido, antes de ver el abdomen más abultado. Los síntomas más habituales son:
- Aumento del perímetro abdominal, con sensación de hinchazón o pesadez.
- Aumento de peso en pocos días o semanas.
- Hinchazón de las piernas (edema), que suele acompañar a la ascitis.
- Saciedad precoz, es decir, sentirse lleno con poca comida.
- Falta de aire cuando el líquido es abundante y empuja el diafragma.
Cualquier persona con enfermedad del hígado que note estos cambios debe consultar. La aparición de ascitis siempre requiere una evaluación médica.
¿Cómo se estudia la ascitis?
El estudio busca dos cosas: confirmar que el líquido corresponde a hipertensión portal y descartar complicaciones. La evaluación incluye:
- Ecografía abdominal, que confirma el líquido y evalúa el hígado. Con frecuencia se agrega un Doppler de la vena porta para revisar su permeabilidad.
- Exámenes de sangre, como función renal, electrolitos y albúmina.
- Paracentesis diagnóstica. Consiste en extraer una pequeña muestra de líquido con una aguja fina para analizarla. Es un procedimiento seguro y clave: se recomienda en toda persona que consulta con ascitis por primera vez o que ingresa al hospital.
Un análisis fundamental del líquido es el gradiente de albúmina entre suero y ascitis (GASA), que se calcula restando la albúmina del líquido ascítico a la de la sangre. Un GASA igual o mayor a 1,1 g/dL indica con alta seguridad que la ascitis se debe a hipertensión portal, como ocurre en la cirrosis. En la misma muestra se cuentan los glóbulos blancos, sobre todo los neutrófilos, para descartar infección.
Tratamiento de la ascitis

El tratamiento apunta a eliminar el exceso de sal y agua, y se ajusta según la cantidad de líquido y la respuesta de cada persona.
- Restricción de sal. Es una de las medidas más importantes. Se recomienda una dieta baja en sodio, evitando cecinas, papas fritas, conservas, caldos concentrados y comida envasada. No es necesario, en cambio, restringir los líquidos salvo que el sodio en la sangre baje mucho.
- Diuréticos. Son la base del tratamiento con medicamentos. El principal es la espironolactona, a la que a menudo se agrega furosemida para aumentar y equilibrar su efecto. Requieren controles de la función renal y los electrolitos, porque una dosis excesiva puede afectar el riñón.
- Paracentesis evacuadora. Cuando la ascitis es muy voluminosa o no responde a los diuréticos, se extrae el líquido con una aguja a través del abdomen, y puede llegar a varios litros. Si se retiran más de 5 litros, se administra albúmina por vena para prevenir problemas circulatorios y renales.
- TIPS. En casos de ascitis que reaparece pese al tratamiento (ascitis refractaria), puede colocarse una prótesis (stent) que comunica la vena porta con una vena del hígado y baja la presión portal. Se instala a través de un catéter por una vena del cuello. Uno de sus riesgos es desencadenar encefalopatía hepática.
El reposo en cama, que antes se indicaba, hoy no se considera parte central del tratamiento.
Peritonitis bacteriana espontánea: una complicación grave
La peritonitis bacteriana espontánea (PBE) es la infección del líquido ascítico sin una causa evidente, como una perforación intestinal. Es una de las complicaciones más peligrosas de la ascitis y puede poner en riesgo la vida.
Debe sospecharse, y consultar de urgencia, ante señales de alarma como:
- Fiebre o calofríos.
- Dolor abdominal o mayor sensibilidad del abdomen.
- Empeoramiento del estado general, confusión o somnolencia (que puede reflejar encefalopatía).
- Deterioro de la función renal o de la respuesta a los diuréticos.
El diagnóstico se hace con una paracentesis: se confirma la PBE cuando el líquido tiene 250 o más neutrófilos por milímetro cúbico. El tratamiento debe iniciarse de inmediato con antibióticos por vena, habitualmente una cefalosporina de tercera generación como la cefotaxima. Además, administrar albúmina junto con el antibiótico reduce el daño renal y la mortalidad, según lo demostró un estudio clásico. En personas que ya han tenido un episodio, o con alto riesgo, se indica profilaxis con antibióticos para prevenir nuevas infecciones.
Pronóstico: por qué la ascitis exige evaluar el trasplante
La aparición de ascitis cambia el pronóstico de la cirrosis. Puede complicarse con insuficiencia renal (el síndrome hepatorenal) o con PBE, y ambas situaciones se asocian a peor sobrevida. Por eso, la presencia de ascitis, y muy en especial de ascitis refractaria o de una PBE, se considera una señal de que debe evaluarse el trasplante hepático, que es el único tratamiento capaz de resolver de raíz la enfermedad del hígado.
Nada de esto significa que la situación sea desesperada. Con un buen control de la sal, los diuréticos bien ajustados, el tratamiento oportuno de las infecciones y una evaluación de trasplante cuando corresponde, muchas personas viven años con buena calidad de vida. La clave es el seguimiento cercano con su equipo de hepatología.
Vea también
Referencias
- Biggins SW, et al. Diagnosis, Evaluation, and Management of Ascites, Spontaneous Bacterial Peritonitis and Hepatorenal Syndrome: 2021 Practice Guidance by the AASLD. Hepatology. 2021;74(2):1014-1048.
- European Association for the Study of the Liver. EASL Clinical Practice Guidelines for the management of patients with decompensated cirrhosis. J Hepatol. 2018;69(2):406-460.
- de Franchis R, et al. Baveno VII - Renewing consensus in portal hypertension. J Hepatol. 2022;76(4):959-974.
- Sort P, et al. Effect of intravenous albumin on renal impairment and mortality in patients with cirrhosis and spontaneous bacterial peritonitis. N Engl J Med. 1999;341(6):403-409.