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La cirrosis es el resultado de años de daño en el hígado que va reemplazando el tejido sano por cicatrices (fibrosis). Casi siempre tiene una causa concreta, y encontrarla es lo más importante de la evaluación. El motivo es sencillo: si la causa se identifica y se trata a tiempo, el daño puede detenerse y, en las etapas iniciales, incluso revertirse en parte.
En este artículo repasamos las causas de cirrosis ordenadas según su frecuencia actual. El panorama ha cambiado en los últimos años: el hígado graso metabólico crece con rapidez y ya es la causa principal en muchos países, mientras las hepatitis virales retroceden gracias a la vacunación y a los antivirales. Si busca en cambio qué es la cirrosis, sus síntomas y su tratamiento, lo encontrará en el artículo sobre cirrosis hepática.

¿Por qué importa encontrar la causa?
El hígado tiene una gran capacidad de repararse. Cuando la causa del daño se elimina o se controla, en muchos casos la inflamación cede y la fibrosis puede estabilizarse o disminuir, sobre todo si la cirrosis aún no está avanzada. Ejemplos concretos: curar la hepatitis C, suprimir la hepatitis B, suspender el alcohol o bajar de peso en el hígado graso pueden cambiar el curso de la enfermedad. Por eso el estudio de una cirrosis siempre incluye buscar de forma ordenada cada causa posible, y a menudo hay más de una a la vez.
Hígado graso metabólico (MASLD)
El hígado graso asociado a disfunción metabólica es hoy la enfermedad hepática más frecuente y una de las principales causas de cirrosis a nivel mundial. En 2023 un consenso internacional cambió el nombre de “hígado graso no alcohólico” (NAFLD) a esteatosis hepática metabólica (MASLD), y llama MASH a la forma con inflamación que puede progresar a fibrosis y cirrosis.
Su avance acompaña al aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico, muy prevalentes en Chile. Es una causa que crece de manera sostenida, a diferencia de las hepatitis virales, y en varios países ya es la primera. La base del tratamiento es bajar de peso y controlar la diabetes, el colesterol y la presión. En personas con MASH y fibrosis significativa, en 2024 se aprobó en Estados Unidos el primer fármaco específico, el resmetirom, aunque en Chile su disponibilidad todavía es limitada.
Alcohol
El consumo excesivo y prolongado de alcohol es una de las causas más frecuentes de cirrosis en Chile y en el mundo. El hígado metaboliza el alcohol y en el proceso genera sustancias tóxicas, como el acetaldehído, que inflaman y dañan sus células. Con los años, ese daño repetido lleva a fibrosis y cirrosis.
No todas las personas que beben en exceso desarrollan cirrosis, y el riesgo depende de la cantidad, la frecuencia, factores genéticos, el estado nutricional y la coexistencia de otras causas, como el hígado graso metabólico. No existe una cantidad de alcohol que sea beneficiosa para el hígado. La medida más eficaz es la abstinencia: dejar de beber puede detener la progresión e incluso mejorar la función del hígado, y es un requisito para acceder a un trasplante hepático cuando la enfermedad está avanzada.
Hepatitis C y hepatitis B
Las hepatitis virales crónicas fueron durante décadas la principal causa de cirrosis en el mundo, y siguen siéndolo en muchas regiones, aunque su peso está disminuyendo.
- Hepatitis C: se transmite por contacto con sangre infectada. Puede permanecer silenciosa durante años mientras produce fibrosis. Hoy se cura en la gran mayoría de los casos con antivirales de acción directa en 8 a 12 semanas, lo que evita la progresión a cirrosis y reduce el riesgo de cáncer de hígado. Se recomienda hacerse el examen al menos una vez en la vida.
- Hepatitis B: se transmite por sangre, relaciones sexuales y de madre a hijo en el parto. El tratamiento antiviral con análogos como entecavir o tenofovir no siempre cura la infección, pero la controla y previene la progresión a cirrosis. La vacuna es la mejor herramienta de prevención y protege también frente a la hepatitis D, que solo afecta a quienes ya tienen hepatitis B y agrava el daño hepático.
Hepatitis autoinmune
La hepatitis autoinmune es una inflamación del hígado causada porque el propio sistema inmune ataca sus células. Afecta sobre todo a mujeres y puede aparecer a cualquier edad. Si no se trata, puede progresar a cirrosis, pero responde bien a los medicamentos que modulan la respuesta inmune, como los corticoides y la azatioprina. El diagnóstico y tratamiento oportunos son clave para evitar el daño avanzado.
Colangitis biliar primaria
La colangitis biliar primaria (antes llamada cirrosis biliar primaria) es una enfermedad autoinmune que destruye poco a poco los pequeños conductos biliares dentro del hígado. La bilis se acumula y daña el tejido, lo que puede llevar a cirrosis. Afecta principalmente a mujeres de mediana edad. El ácido ursodesoxicólico es el tratamiento de primera línea y, cuando se inicia a tiempo, mejora el pronóstico y puede evitar la progresión.
Colangitis esclerosante primaria
La colangitis esclerosante primaria es una inflamación crónica que estrecha y cicatriza los conductos biliares dentro y fuera del hígado. Afecta más a hombres y suele asociarse a enfermedades inflamatorias del intestino, como la colitis ulcerosa. Puede progresar a cirrosis y aumenta el riesgo de cáncer de las vías biliares, por lo que requiere seguimiento por un especialista.
Enfermedades genéticas y por acumulación
Un grupo de enfermedades hereditarias produce cirrosis por acumulación de sustancias que el hígado no maneja bien. Son menos frecuentes, pero importantes porque tienen tratamiento y suelen afectar a familiares:
- Hemocromatosis: trastorno hereditario que hace acumular hierro en el hígado y otros órganos. Diagnosticada a tiempo, se trata con flebotomías (extracciones de sangre) que retiran el exceso de hierro y previenen la cirrosis.
- Enfermedad de Wilson: alteración genética que impide eliminar el cobre, que se deposita en el hígado y el cerebro. El tratamiento con medicamentos que quelan el cobre evita el daño cuando se inicia de forma precoz.
- Déficit de alfa-1 antitripsina: enfermedad hereditaria que puede dañar el hígado y los pulmones. El diagnóstico permite un seguimiento adecuado y decisiones de tratamiento a tiempo.
Otras causas
Con menor frecuencia, la cirrosis puede deberse a la obstrucción prolongada de los conductos biliares, a ciertas enfermedades del corazón que congestionan el hígado (como la insuficiencia cardíaca), a reacciones graves por medicamentos o a la exposición prolongada a tóxicos. En una minoría de casos no se logra identificar la causa pese a un estudio completo; se habla entonces de cirrosis criptogénica, y muchas de ellas corresponden en realidad a un hígado graso metabólico no reconocido antes.
El mensaje central
Detrás de toda cirrosis hay una causa que casi siempre se puede identificar, y en muchos casos tratar. Encontrarla a tiempo permite detener el daño y, en las etapas iniciales, recuperar parte de la función del hígado. Si a usted le han diagnosticado cirrosis o daño hepático crónico, lo más importante es estudiar la causa con su médico y actuar sobre ella cuanto antes.
Vea también
Referencias
- Ginès P, et al. Liver cirrhosis. Lancet. 2021;398(10308):1359-1376.
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- Rinella ME, et al. A multisociety Delphi consensus statement on new fatty liver disease nomenclature. J Hepatol. 2023;79(6):1542-1556.
- EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD). J Hepatol. 2024;81(3):492-542.