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La hepatitis B es una infección del hígado causada por el virus de la hepatitis B (VHB). Se contagia por la sangre, por las relaciones sexuales y de la madre al hijo en el parto. La mayoría de los adultos que se infectan se recuperan por completo, pero una parte queda con la infección de por vida (hepatitis B crónica), y es esta forma la que con los años puede llevar a cirrosis y a cáncer de hígado.

La buena noticia es que existe una vacuna segura y muy eficaz que previene la infección, incluida en el programa de vacunación de Chile. Y cuando la infección crónica requiere tratamiento, hoy contamos con antivirales orales de una toma al día que controlan el virus y reducen de forma importante el riesgo de cirrosis y cáncer.

Partículas del virus de la hepatitis B vistas al microscopio electrónico

Fotografía electrónica de partículas del virus de la hepatitis B (reproducida con autorización del CDC, Centers for Disease Control).

¿Cómo se contagia la hepatitis B?

El virus está presente en la sangre y en otros fluidos corporales de las personas infectadas. Las vías de contagio principales son:

  • Transmisión de la madre al hijo (vertical): ocurre en general en torno al parto. Es una vía muy importante porque el recién nacido que se infecta tiene un riesgo altísimo de quedar con hepatitis crónica. Se previene con vacuna e inmunoglobulina al nacer.
  • Contacto con sangre: por compartir agujas o jeringas, y también objetos de uso personal que puedan tener restos de sangre (hojas de afeitar, cortaúñas, cepillos de dientes). Los tatuajes y perforaciones con material no desechable también son un riesgo.
  • Relaciones sexuales: el virus se transmite en relaciones sexuales sin protección, tanto heterosexuales como homosexuales.

La transmisión por transfusiones es hoy prácticamente inexistente en Chile, porque toda la sangre donada se analiza. El virus no se contagia por dar la mano, abrazar, compartir cubiertos ni por la lactancia cuando el niño está correctamente vacunado.

Hepatitis B aguda y crónica: por qué importa la edad

Cuando una persona se infecta, la evolución depende sobre todo de la edad a la que adquiere el virus:

  • Hepatitis B aguda: es la infección de los primeros seis meses. En los adultos, más del 95% elimina el virus por sí solo y queda inmune de por vida. Solo una minoría muy pequeña (bajo el 1%) desarrolla una forma grave con falla del hígado (hepatitis fulminante).
  • Hepatitis B crónica: se define cuando el virus persiste más de seis meses. El riesgo de cronificarse depende de manera decisiva de la edad: alrededor del 90% de los recién nacidos infectados quedan crónicos, frente a menos del 5% de los adultos. Por eso la prevención en el recién nacido es tan importante.

La hepatitis B crónica suele ser silenciosa durante años. Muchas personas se sienten bien y no tienen síntomas, lo que no significa que el virus esté inactivo. Con el tiempo, y en algunos pacientes más que en otros, la inflamación mantenida puede producir fibrosis, cirrosis y cáncer de hígado.

Síntomas de la hepatitis B

En la fase aguda, cuando aparecen síntomas, lo hacen entre uno y cuatro meses después del contagio. Pueden incluir:

  • Cansancio y decaimiento.
  • Falta de apetito y náuseas.
  • Ictericia (color amarillo de la piel y los ojos).
  • Coluria (orina oscura).
  • Molestia en la zona superior derecha del abdomen.
  • Dolor de articulaciones.

Estos síntomas se resuelven habitualmente en pocas semanas. La hepatitis B crónica, en cambio, casi siempre es asintomática hasta etapas avanzadas, cuando ya puede haber signos de cirrosis. Por eso se diagnostica muchas veces en un examen de sangre pedido por otro motivo.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se hace con exámenes de sangre. El más importante es el antígeno de superficie (HBsAg): si está presente, hay infección por el virus B. Si persiste más de seis meses, define la hepatitis B crónica. Otros exámenes que usa el médico:

  • Anti-HBc IgM: marca la infección aguda reciente.
  • HBeAg y anti-HBe: informan sobre la actividad del virus.
  • Carga viral (ADN del VHB): mide cuánto se está replicando el virus y es clave para decidir y monitorizar el tratamiento.
  • Transaminasas (ALT y AST): estiman la inflamación del hígado.
  • Evaluación de la fibrosis: mediante elastografía (por ejemplo FibroScan) o, en casos seleccionados, biopsia hepática, para saber cuánto daño hay y definir el pronóstico.

En toda persona con hepatitis B crónica conviene además evaluar la coinfección por hepatitis D, hepatitis C y VIH (ver coinfección hepatitis B-VIH).

La vacuna: la mejor herramienta de prevención

La vacuna contra la hepatitis B es segura y muy eficaz: logra protección en más del 95% de las personas y previene, además de la infección, el cáncer de hígado asociado al virus. Es la primera vacuna que demostró prevenir un cáncer humano.

En Chile la vacuna está incluida en el Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI) y se administra de forma universal en la infancia. Se recomienda también vacunar a los adultos con mayor riesgo que no estén inmunes (personal de salud, parejas y convivientes de personas infectadas, personas con múltiples parejas sexuales, pacientes en diálisis).

Dos medidas de prevención merecen especial atención:

  • Tamizaje en el embarazo: a toda embarazada se le debe pedir el HBsAg, para identificar a las madres portadoras y proteger al recién nacido.
  • Profilaxis del recién nacido: los hijos de madre con hepatitis B deben recibir, en las primeras horas de vida, la vacuna junto con inmunoglobulina contra la hepatitis B. Esta combinación previene la gran mayoría de las transmisiones de madre a hijo.

Tratamiento de la hepatitis B crónica

Lo primero es entender que no todos los pacientes con hepatitis B crónica necesitan tratamiento. La decisión la toma un especialista (gastroenterólogo o hepatólogo) según la carga viral, el nivel de transaminasas y el grado de fibrosis del hígado. Muchas personas solo requieren controles periódicos.

Cuando el tratamiento está indicado, los medicamentos de elección son los análogos de nucleós(t)idos por vía oral, en una toma diaria:

  • Entecavir.
  • Tenofovir disoproxil (TDF).
  • Tenofovir alafenamida (TAF), una formulación más nueva con mejor perfil renal y óseo.

Son fármacos potentes, muy bien tolerados y con muy baja probabilidad de que el virus se haga resistente. El objetivo del tratamiento es suprimir el virus para frenar la inflamación, prevenir la cirrosis y reducir el riesgo de cáncer de hígado. En algunos casos seleccionados puede usarse peginterferón por un tiempo definido.

Es importante ser honesto en dos puntos. Primero, hoy no existe una cura que elimine por completo el virus; los antivirales lo mantienen controlado, y por eso el tratamiento suele ser prolongado, muchas veces por años o de por vida, con excelente adherencia. Segundo, hay líneas de investigación buscando una “cura funcional” (que el organismo controle el virus sin necesidad de medicamento), pero todavía están en estudio.

Medidas generales: quienes tienen hepatitis B crónica deben vacunarse contra la hepatitis A si no son inmunes, evitar el alcohol y mantener un peso saludable, porque el hígado graso agrava el daño. En los pacientes con cirrosis se recomienda una ecografía abdominal cada seis meses para detectar precozmente el cáncer de hígado. Cuando la cirrosis está avanzada, el trasplante hepático es una opción.

Tamizaje antes de quimioterapia o inmunosupresión

Hay un punto que a veces se pasa por alto y que puede ser grave. En una persona que tuvo contacto con el virus B, aunque parezca “curada”, el virus puede reactivarse cuando recibe quimioterapia o tratamientos que bajan las defensas (por ejemplo corticoides en dosis altas, biológicos como el rituximab o inmunosupresores para trasplantes). Esta reactivación puede causar una hepatitis grave.

Por eso, antes de iniciar quimioterapia o inmunosupresión, se recomienda tamizar la hepatitis B (HBsAg y anti-HBc). En los pacientes de riesgo se indica un antiviral oral de forma preventiva mientras dure el tratamiento inmunosupresor.

La hepatitis B en Chile

Chile es un país de baja prevalencia de hepatitis B, gracias en buena parte a la vacunación universal incorporada al PNI. Esto contrasta con las zonas de alta prevalencia como el este de Asia y el África subsahariana. Aun con baja prevalencia, sigue siendo fundamental el tamizaje en embarazadas, la protección del recién nacido y el diagnóstico oportuno de las personas que viven con el virus, para tratarlas cuando corresponde y evitar sus consecuencias.

Vea también

Referencias

  1. Terrault NA, et al. Update on prevention, diagnosis, and treatment of chronic hepatitis B: AASLD 2018 hepatitis B guidance. Hepatology. 2018;67(4):1560-1599.
  2. European Association for the Study of the Liver. EASL 2017 Clinical Practice Guidelines on the management of hepatitis B virus infection. J Hepatol. 2017;67(2):370-398.
  3. Jeng WJ, Papatheodoridis GV, Lok ASF. Hepatitis B. Lancet. 2023;401(10381):1039-1052.
  4. Zhang S, Cui F. Global progress, challenges and strategies in eliminating public threat of viral hepatitis (guías OMS 2024 para hepatitis B). Infect Dis Poverty. 2025;14(1):9.
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