En esta página

La hepatitis D, también llamada hepatitis Delta, es una infección del hígado causada por el virus D (VHD). Tiene una particularidad clave: solo puede afectar a personas que ya tienen hepatitis B, porque el virus D es defectuoso y necesita del virus B para multiplicarse. Si usted no tiene hepatitis B, no puede contagiarse de hepatitis D.

Es la forma más grave de hepatitis viral crónica. En comparación con la hepatitis B sola, la infección por virus D progresa más rápido a cirrosis y aumenta el riesgo de cáncer de hígado. La buena noticia es doble: la vacuna contra la hepatitis B previene también la hepatitis D, y desde hace poco existe el primer tratamiento específico contra el virus D.

Esquema de la estructura del virus de la hepatitis D

¿Qué es el virus de la hepatitis D?

El virus D (VHD, o agente Delta) es un virus muy pequeño y defectuoso. Su material genético es una hebra circular simple de ARN, rodeada de una proteína propia (el antígeno D o HDAg). Lo que no puede fabricar por sí mismo es su envoltura externa: para ello usa el antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg). Por eso el virus D no puede completar su ciclo ni contagiar a nadie sin la presencia del virus B.

Se han descrito distintos genotipos del virus (del 1 al 8). El genotipo 1 es el más frecuente en el mundo occidental y se asocia a una evolución más grave, mientras que el genotipo 3, presente en la cuenca amazónica de Sudamérica, se ha vinculado a brotes de hepatitis fulminante.

¿Cómo se contagia la hepatitis D?

Las vías de contagio son las mismas de la hepatitis B: contacto con sangre o fluidos corporales de una persona infectada. Las situaciones de mayor riesgo son:

  • Compartir jeringas o material para usar drogas inyectables.
  • Contacto con sangre por instrumentos no esterilizados (tatuajes, piercings).
  • Relaciones sexuales sin protección.
  • Transmisión de madre a hijo, menos frecuente que en la hepatitis B.

La infección por virus D puede ocurrir de dos formas, que tienen pronósticos distintos:

  • Coinfección: la persona se contagia del virus B y del virus D al mismo tiempo. El cuadro suele parecerse a una hepatitis B aguda, aunque puede ser más intenso. En la mayoría de los casos ambos virus se resuelven juntos y la infección no se hace crónica.
  • Sobreinfección: la persona ya es portadora crónica de hepatitis B y luego se contagia del virus D. Esta es la forma más peligrosa: casi siempre se vuelve crónica y con frecuencia acelera el daño del hígado.

¿Qué tan frecuente es?

Se estima que alrededor del 5% de las personas con hepatitis B crónica en el mundo tienen también hepatitis D, lo que equivale a unos 12 millones de personas. La prevalencia es mucho mayor en quienes asisten a controles de hígado y en grupos de riesgo como usuarios de drogas inyectables. La infección es más común en la cuenca del Mediterráneo, algunas zonas de África, Mongolia, Europa del Este y regiones de la cuenca amazónica. En Chile es una infección poco frecuente.

¿Da síntomas?

La hepatitis D puede no dar síntomas durante mucho tiempo, igual que otras hepatitis crónicas. Cuando aparecen, suelen ser inespecíficos: cansancio, malestar general o molestias en el costado derecho del abdomen. En los cuadros agudos graves o cuando ya hay daño avanzado del hígado pueden presentarse ictericia (color amarillo de la piel y los ojos), coluria (orina oscura), ascitis o encefalopatía. Como la enfermedad avanza más rápido que otras hepatitis, el diagnóstico oportuno es importante.

¿Cómo se diagnostica?

Como el virus D siempre acompaña al virus B, el primer paso es tener un examen de HBsAg positivo. A toda persona con hepatitis B se le recomienda buscar al menos una vez la infección por virus D. El estudio se hace en dos etapas:

  • Anticuerpos anti-VHD (anti-HDV): es la prueba de tamizaje. Si es positiva, indica contacto con el virus.
  • ARN del VHD (HDV RNA): confirma que el virus está activo y replicándose. Es la prueba que define la infección actual y sirve para seguir el tratamiento.

En algunos casos se complementa con la evaluación del grado de fibrosis del hígado mediante elastografía o índices de sangre, para conocer el pronóstico.

¿Cuál es el tratamiento de la hepatitis D?

Durante décadas la única opción fue el interferón pegilado (peginterferón alfa), usado por períodos prolongados de un año o más. Su eficacia es limitada: solo una parte de los pacientes logra controlar el virus y las recaídas son frecuentes. Los antivirales que se usan para la hepatitis B (como entecavir o tenofovir) no controlan por sí solos al virus D, aunque a veces se mantienen para tratar la hepatitis B de base.

La novedad más importante es la bulevirtida (bulevirtide, nombre comercial Hepcludex). Es el primer fármaco específico contra el virus D y actúa como inhibidor de entrada: bloquea el receptor que usa el virus para ingresar a las células del hígado. Se administra en inyección subcutánea diaria. En el estudio de fase 3 MYR301, cerca de la mitad de los pacientes tratados durante 48 semanas logró una respuesta virológica y bioquímica, muy por encima de quienes no recibieron el fármaco. Estudios más recientes muestran que combinar bulevirtida con peginterferón mejora aún más las tasas de respuesta.

La bulevirtida fue aprobada en Europa en 2020 y su uso se ha extendido en varios países. En Chile y buena parte de Latinoamérica su disponibilidad todavía es limitada, por lo que las decisiones de tratamiento deben tomarse con un equipo de hepatología. La duración óptima del tratamiento aún se está definiendo.

La mejor estrategia es la prevención

El punto más importante para el paciente es simple: la vacuna contra la hepatitis B previene también la hepatitis D. Al no permitir la infección por el virus B, la vacuna cierra la única puerta de entrada del virus D. Vacunarse contra la hepatitis B, y asegurarse de que sus hijos estén vacunados, es la forma más eficaz de evitar la hepatitis Delta. En quienes ya tienen hepatitis B, evitar nuevas exposiciones (no compartir jeringas, usar protección en las relaciones sexuales) previene la sobreinfección.

Vea también

Referencias

  1. European Association for the Study of the Liver. EASL Clinical Practice Guidelines on hepatitis delta virus. J Hepatol. 2023;79(2):433-460.
  2. Wedemeyer H, et al. A Phase 3, Randomized Trial of Bulevirtide in Chronic Hepatitis D. N Engl J Med. 2023;389(1):22-32.
  3. Asselah T, et al. Bulevirtide Combined with Pegylated Interferon for Chronic Hepatitis D. N Engl J Med. 2024;391(2):133-143.
  4. Stockdale AJ, et al. The global prevalence of hepatitis D virus infection: Systematic review and meta-analysis. J Hepatol. 2020;73(3):523-532.
Ver más de Hepatitis virales