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Las hepatitis virales son infecciones del hígado que en su mayoría se pueden prevenir y detectar a tiempo. La respuesta corta para cuidarse es doble: por un lado, vacunarse contra la hepatitis A y la hepatitis B, cuidar la higiene y adoptar prácticas seguras; por otro, hacerse el examen de sangre que busca la hepatitis B y la hepatitis C al menos una vez en la vida, aunque se sienta perfectamente sano.

Este doble mensaje, prevenir y detectar, resume la estrategia actual frente a las hepatitis. La prevención evita nuevos contagios, y la detección precoz permite tratar a quienes ya están infectados antes de que el virus dañe el hígado. Las dos son piezas de la meta que fijó la Organización Mundial de la Salud (OMS): eliminar las hepatitis virales como problema de salud pública para el año 2030.

Prevención y detección de las hepatitis virales

¿Por qué prevenir y detectar?

Las hepatitis virales más importantes son cinco (A, B, C, D y E) y no todas se comportan igual. Las hepatitis A y E se transmiten por agua o alimentos contaminados y casi siempre se curan solas. Las hepatitis B, C y D se transmiten por sangre y fluidos corporales, y son las que pueden hacerse crónicas y, con los años, llevar a cirrosis y cáncer de hígado.

El problema de las hepatitis crónicas es que son silenciosas: no dan síntomas durante años o décadas, mientras el hígado se daña sin que la persona lo sepa. Por eso no basta con esperar a sentirse mal. Conviene prevenir las que tienen vacuna y buscar activamente las que ya pueden estar presentes.

Prevención: vacunas

La vacunación es la herramienta de prevención más eficaz y existe para dos de las hepatitis virales.

  • Vacuna contra la hepatitis A. Es segura y muy eficaz, con protección prolongada. Se recomienda especialmente a personas con enfermedad hepática crónica de cualquier causa, viajeros a zonas de alta circulación del virus, hombres que tienen sexo con hombres y personas que consumen drogas.
  • Vacuna contra la hepatitis B. Logra protección en más del 95% de las personas y fue la primera vacuna que demostró prevenir un cáncer humano, el de hígado asociado a este virus. En Chile está incluida en el Programa Nacional de Inmunizaciones y se administra de forma universal en la infancia, con una dosis en las primeras horas de vida. Cada vez más países recomiendan además vacunar a todos los adultos hasta los 59 años, sin necesidad de evaluar factores de riesgo, para cerrar la brecha de quienes crecieron sin la vacuna.

Un punto clave: la vacuna contra la hepatitis B también protege de la hepatitis D. El virus D solo puede infectar a quien ya tiene hepatitis B, de modo que quien está inmune contra la B queda también protegido de la D. No existe vacuna contra la hepatitis C ni contra la hepatitis E de uso general en nuestro medio.

Prevención: higiene y agua segura

Las hepatitis A y E se transmiten por vía fecal-oral, es decir, al ingerir agua o alimentos contaminados con el virus. Frente a ellas, las medidas sanitarias son la primera línea de defensa:

  • Agua potable segura y buen manejo de las aguas servidas.
  • Lavado de manos frecuente, sobre todo después de ir al baño y antes de cocinar o comer.
  • Higiene de los alimentos, con especial cuidado con los mariscos crudos o mal cocidos y las verduras que pudieron regarse con aguas servidas.

En Chile la mejora del agua potable y del saneamiento redujo mucho la circulación de la hepatitis A. Esa misma mejora tiene un efecto menos visible: al infectarse menos personas en la niñez, quedan más adultos susceptibles, en quienes la enfermedad tiende a ser más grave, lo que refuerza la utilidad de la vacuna.

Prevención: prácticas seguras

Las hepatitis B, C y D se transmiten por contacto con sangre y, en el caso de la B, también por vía sexual. Prevenirlas pasa por evitar la exposición:

  • No compartir agujas ni jeringas, ni otro material para inyectarse drogas. Es hoy la principal vía de contagio de la hepatitis C.
  • No compartir objetos personales que puedan tener restos de sangre, como máquinas de afeitar, cortaúñas o cepillos de dientes.
  • Sexo seguro, con uso de preservativo, en particular con parejas nuevas o múltiples.
  • Tatuajes y piercings solo en lugares que usen material estéril y de un solo uso.

La transmisión por transfusiones es hoy prácticamente inexistente en Chile, porque toda la sangre donada se analiza.

Prevención en el embarazo

A toda embarazada se le debe pedir el examen de la hepatitis B (HBsAg). Identificar a las madres portadoras permite proteger al recién nacido, que debe recibir en las primeras horas de vida la vacuna junto con la inmunoglobulina contra la hepatitis B. Esta combinación previene la gran mayoría de las transmisiones de madre a hijo, una vía especialmente importante porque el recién nacido que se infecta tiene un riesgo altísimo de quedar con hepatitis crónica. En las embarazadas también se recomienda buscar la hepatitis C en cada embarazo.

Detección: un examen de sangre, al menos una vez en la vida

Aquí está el cambio de enfoque más importante de los últimos años. Durante mucho tiempo el examen de las hepatitis se ofrecía solo a quienes tenían factores de riesgo conocidos. Ese criterio dejaba fuera a demasiadas personas infectadas, porque muchas no recuerdan ni reconocen ningún factor de riesgo. Las recomendaciones actuales son más simples y más amplias:

  • Hepatitis C: un test de anticuerpos anti-VHC al menos una vez en la vida a todos los adultos. En Estados Unidos el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos (USPSTF) recomienda tamizar a todos los adultos entre 18 y 79 años. Si el anticuerpo es positivo, se confirma con la carga viral (ARN del VHC), que indica si la infección está activa. Puede leer más en detección precoz de la hepatitis C.
  • Hepatitis B: el examen (que incluye el HBsAg) al menos una vez en la vida a todos los adultos, según las recomendaciones actuales de los CDC de Estados Unidos. Además, cualquier persona que solicite el examen debería poder hacérselo, sin tener que declarar un motivo.

En ambos casos se trata de un examen de sangre sencillo. La lógica es la misma: no se puede tratar lo que no se sabe que se tiene.

¿Quién debería testearse con más frecuencia?

Además del examen único para todos los adultos, hay grupos en los que conviene repetir la búsqueda mientras persista la exposición o el riesgo:

  • Personas que se inyectan o se han inyectado drogas.
  • Personas que viven con VIH (ver coinfección hepatitis B-VIH y coinfección hepatitis C-VIH).
  • Personas en diálisis.
  • Quienes recibieron transfusiones o trasplantes antes de que se analizara la sangre donada.
  • Hijos de madre con hepatitis B o C.
  • Personas privadas de libertad y quienes tienen múltiples parejas sexuales o antecedentes de infecciones de transmisión sexual.

La meta de eliminación de la OMS para 2030

La OMS fijó como objetivo eliminar las hepatitis virales como problema de salud pública para 2030, con metas concretas de reducir los nuevos contagios y las muertes, y de diagnosticar y tratar a la mayoría de las personas infectadas. El gran obstáculo hoy es el subdiagnóstico: se estima que la mayor parte de las infecciones crónicas por hepatitis B y C en el mundo aún no están diagnosticadas.

Por eso la vacunación (que incluye la dosis de hepatitis B al nacer) y el tamizaje amplio son las dos estrategias centrales de la eliminación. Sin prevención siguen apareciendo nuevos casos, y sin diagnóstico no hay tratamiento.

Las hepatitis en Chile

Chile ha adherido a la meta de eliminación de la OMS. El país tiene baja prevalencia de hepatitis B gracias a la vacunación universal incorporada al Programa Nacional de Inmunizaciones, y la hepatitis C está incluida en las Garantías Explícitas en Salud (GES/AUGE), lo que asegura el acceso al diagnóstico y al tratamiento con antivirales de acción directa tanto en FONASA como en las isapres. El desafío principal sigue siendo el mismo que en el resto del mundo: buscar activamente a las personas que ya están infectadas y aún no lo saben.

Qué hacer: pídalo a su médico

El mensaje es sencillo y práctico. Si nunca se ha vacunado contra la hepatitis A y B, o no está seguro, pregúntele a su médico si le corresponde. Y si es adulto y nunca se ha hecho el examen de la hepatitis B y C, pídalo en su próximo control. Es un examen de sangre simple, y detectar a tiempo una infección silenciosa es la mejor forma de proteger su hígado.

Vea también

Referencias

  1. US Preventive Services Task Force. Screening for Hepatitis C Virus Infection in Adolescents and Adults: US Preventive Services Task Force Recommendation Statement. JAMA. 2020;323(10):970-975.
  2. US Preventive Services Task Force. Screening for Hepatitis B Virus Infection in Adolescents and Adults: US Preventive Services Task Force Recommendation Statement. JAMA. 2020;324(23):2415-2422.
  3. Conners EE, et al. Screening and Testing for Hepatitis B Virus Infection: CDC Recommendations - United States, 2023. MMWR Recomm Rep. 2023;72(1):1-25.
  4. Weng MK, et al. Universal Hepatitis B Vaccination in Adults Aged 19-59 Years: Updated Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices - United States, 2022. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2022;71(13):477-483.
  5. Cui F, et al. Global reporting of progress towards elimination of hepatitis B and hepatitis C. Lancet Gastroenterol Hepatol. 2023;8(4):332-342.
  6. Global prevalence, cascade of care, and prophylaxis coverage of hepatitis B in 2022: a modelling study. Lancet Gastroenterol Hepatol. 2023;8(10):879-907.
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