En esta página
- ¿Qué es un trasplante hepático?
- ¿Quién necesita un trasplante hepático?
- ¿Cuándo se indica el trasplante?
- ¿Cómo se prioriza a los pacientes? El puntaje MELD
- ¿Cómo es la evaluación pre-trasplante?
- ¿Existen contraindicaciones?
- La cirugía y la recuperación
- Inmunosupresión: los medicamentos de por vida
- ¿Cuáles son los resultados?
- El desafío de la donación de órganos en Chile
- ¿Cómo puedo saber si necesito un trasplante?
- Vea también
El trasplante hepático es la cirugía que reemplaza un hígado enfermo, que ya no cumple su función, por un hígado sano proveniente de un donante. Es el tratamiento que ofrece la mejor esperanza a personas con enfermedad hepática avanzada que no puede resolverse de otra manera, y hoy sus resultados son muy buenos: en Chile, más de siete de cada diez personas trasplantadas siguen vivas a cinco años.
Si a usted o a alguien cercano le han planteado el trasplante como opción, es natural que la noticia genere miedo e incertidumbre. Conocer en qué consiste el procedimiento, quiénes son candidatos y qué ocurre en cada etapa ayuda a manejar esa ansiedad. La mejor fuente de información siempre será su propio médico, pero lo que sigue puede complementar lo que él le explique.

¿Qué es un trasplante hepático?
En su forma más habitual, el trasplante hepático consiste en retirar el hígado dañado y reemplazarlo por el de un donante. Ese donante puede ser una persona fallecida (donante cadavérico) o un donante vivo, en general un familiar, que dona una parte de su hígado. El hígado tiene la notable capacidad de regenerarse, de modo que tanto la porción trasplantada como la que queda en el donante vivo crecen hasta recuperar un tamaño funcional.
La mayoría de los trasplantes en adultos se realiza con donantes fallecidos. Ante la escasez de órganos, el trasplante de donante vivo y otras técnicas (como dividir un hígado para dos receptores) permiten aumentar el número de órganos disponibles.
¿Quién necesita un trasplante hepático?
Se plantea el trasplante cuando el hígado falla de forma grave y no hay otra terapia capaz de revertirlo. Las tres grandes situaciones son:
- Cirrosis descompensada. Es la causa más frecuente. Cuando la cirrosis produce complicaciones como ascitis que no responde al tratamiento, sangrado por várices, encefalopatía hepática o infecciones graves, el trasplante puede ser la única salida.
- Hepatocarcinoma (cáncer de hígado) dentro de criterios definidos. En pacientes con cirrosis y un tumor limitado, el trasplante trata a la vez el cáncer y la enfermedad de base.
- Falla hepática aguda (fulminante). Un hígado sano que deja de funcionar en pocos días o semanas, por ejemplo por una intoxicación o una hepatitis grave. Es una urgencia médica.
En Chile, las principales causas de trasplante en adultos son el hígado graso avanzado, la hepatitis autoinmune, la enfermedad hepática alcohólica y la colangitis biliar primaria.
¿Cuándo se indica el trasplante?
El momento adecuado es clave. Trasplantar demasiado pronto expone a la persona al riesgo de una cirugía mayor cuando aún podría vivir bien varios años con su propio hígado. Trasplantar demasiado tarde, en cambio, puede significar que el paciente ya esté demasiado enfermo para tolerar la operación. En general, se considera evaluar el ingreso a la lista de espera cuando la enfermedad alcanza cierta gravedad, medida con puntajes objetivos como el MELD o la clasificación de Child-Pugh.
¿Cómo se prioriza a los pacientes? El puntaje MELD
Los órganos son escasos y deben distribuirse con criterios justos y transparentes. Para eso se usa principalmente el puntaje MELD (Model for End-Stage Liver Disease), un cálculo basado en exámenes de sangre (bilirrubina, creatinina y el INR de la coagulación) que estima el riesgo de morir en los próximos meses. La versión vigente, MELD 3.0, incorpora además el sodio en la sangre y el sexo, porque mejoran la predicción del pronóstico. La baja del sodio (hiponatremia) es un signo de gravedad que la fórmula toma en cuenta.
La lógica es sencilla: quien tiene un MELD más alto está más grave y recibe prioridad para un órgano compatible. Existen algunas excepciones que reciben puntajes especiales, como la falla hepática aguda y el hepatocarcinoma dentro de criterios, situaciones en que el MELD por sí solo no refleja bien la urgencia.
Para el hepatocarcinoma, los llamados criterios de Milán (un tumor de hasta 5 cm, o hasta tres nódulos de hasta 3 cm cada uno, sin invasión vascular ni metástasis) definen a los pacientes que obtienen excelentes resultados con el trasplante, comparables a los de quienes se trasplantan sin cáncer.
¿Cómo es la evaluación pre-trasplante?
El trasplante es un procedimiento de alta complejidad, por lo que antes de ingresar a la lista de espera el candidato pasa por una evaluación completa. Su objetivo es confirmar que el trasplante es necesario, que la persona puede tolerar la cirugía y que no hay otra enfermedad grave que lo desaconseje. Suele incluir:
- Exámenes de sangre amplios y estudio de infecciones.
- Evaluación del corazón y los pulmones.
- Imágenes detalladas del hígado y sus vasos (ecografía con Doppler, escáner o resonancia).
- Endoscopía digestiva alta y, en ocasiones, colonoscopía.
- Evaluación por un equipo multidisciplinario: hepatólogos, cirujanos, anestesiólogos, cardiólogos, infectólogos, psiquiatras, psicólogos y asistentes sociales.
La decisión de trasplantar nunca la toma una sola persona, sino este equipo en conjunto.
¿Existen contraindicaciones?
Cada centro tiene sus propias políticas, y muchas condiciones que antes excluían el trasplante ya no lo hacen. La infección por VIH, por ejemplo, dejó de ser una contraindicación absoluta. Entre las situaciones que sí pueden desaconsejar el trasplante están:
- Otras enfermedades graves no controladas, como un cáncer activo fuera del hígado o una insuficiencia cardíaca o respiratoria avanzada.
- Infecciones activas no controladas.
- Consumo activo de alcohol o drogas. En la enfermedad hepática alcohólica se valora un período de abstinencia y el apoyo para mantenerla.
La edad por sí sola no es una contraindicación: se evalúa el estado general de salud más que el número de años.
La cirugía y la recuperación
La operación dura varias horas y requiere un equipo quirúrgico experimentado. Tras la cirugía, el paciente permanece unos días en la unidad de cuidados intensivos y luego continúa su recuperación en el hospital. La mayoría de las complicaciones, cuando ocurren, aparecen en las primeras semanas y hoy se manejan cada vez mejor.
Inmunosupresión: los medicamentos de por vida
Para que el cuerpo no rechace el nuevo hígado, quien recibe un trasplante debe tomar medicamentos inmunosupresores de por vida. El más usado es el tacrolimus, muchas veces combinado con otros fármacos como micofenolato o corticoides, sobre todo en los primeros meses. Estos medicamentos exigen cuidados:
- Tomarlos con estricta regularidad, a la misma hora, sin saltarse dosis.
- Controles periódicos con exámenes de sangre para ajustar la dosis y vigilar la función del hígado y del riñón.
- Mayor cuidado frente a las infecciones, porque las defensas están reducidas.
- Atención a otras consecuencias a largo plazo, como presión alta, diabetes, colesterol elevado o daño renal, que se controlan de manera activa.
Con el tiempo, las dosis suelen bajar, pero el tratamiento no se suspende. La adherencia a estos medicamentos es uno de los factores más importantes para el éxito del trasplante a largo plazo.
¿Cuáles son los resultados?
Muy buenos, y han mejorado de forma sostenida. En centros con experiencia, la mayoría de las personas trasplantadas recupera una vida activa y de buena calidad. En la Pontificia Universidad Católica de Chile, la sobrevida tras el trasplante fue de alrededor de 82% al primer año y de 71% a los cinco años en su serie de los primeros 300 casos, cifras comparables a las de los mejores centros internacionales.
El desafío de la donación de órganos en Chile
El principal límite del trasplante no es la técnica, sino la falta de órganos. En Chile las tasas de donación siguen siendo bajas, y muchas personas fallecen en la lista de espera antes de recibir un hígado. Cada donante puede salvar varias vidas. Por eso la decisión de donar, y conversarla en familia, es un gesto que trasciende a quien la toma. Manifestar en vida la voluntad de ser donante facilita enormemente el proceso en un momento tan difícil para las familias.
¿Cómo puedo saber si necesito un trasplante?
Plantéeselo a su médico tratante. Si él no está familiarizado con el proceso, puede pedir una evaluación directa en un centro de trasplante. En Chile, usted puede ser evaluado por un hepatólogo de la Pontificia Universidad Católica.
Vea también
Referencias
- European Association for the Study of the Liver. EASL Clinical Practice Guidelines on liver transplantation. J Hepatol. 2024;81(6):1040-1086.
- Kim WR, et al. MELD 3.0: The Model for End-Stage Liver Disease Updated for the Modern Era. Gastroenterology. 2021;161(6):1887-1895.e4.
- Kim WR, et al. Hyponatremia and mortality among patients on the liver-transplant waiting list. N Engl J Med. 2008;359(10):1018-1026.
- Mazzaferro V, et al. Liver transplantation for the treatment of small hepatocellular carcinomas in patients with cirrhosis. N Engl J Med. 1996;334(11):693-699.
- Guerra JF, et al. Trasplante hepático: desarrollo, curva de aprendizaje y resultados después de los primeros 300 casos. Rev Med Chil. 2019;147(8):955-964.