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En 2017 Chile vivió un brote importante de hepatitis A. Durante la primera mitad de ese año la cantidad de casos se disparó, y en algunas regiones la incidencia llegó a superar diez veces la registrada en el mismo período del año anterior. A diferencia del patrón clásico de la hepatitis A, ligado al agua y a los alimentos, en aquel brote la transmisión por vía sexual, sobre todo entre hombres que tienen sexo con hombres, tuvo un papel central.
Este artículo se mantiene como material de referencia y contexto. No describe una alerta vigente, sino un episodio ya ocurrido que dejó lecciones que siguen siendo útiles hoy: por qué la hepatitis A puede ser más grave en adultos, por qué en Chile hay cada vez más personas susceptibles y por qué la vacuna es la mejor herramienta de prevención en los grupos de riesgo.
¿Qué ocurrió en 2017?
El brote chileno de 2017 no fue un hecho aislado. Coincidió con brotes similares descritos en varios países. En la Unión Europea, entre junio de 2016 y mayo de 2017 se notificaron más de 4.000 casos vinculados a un brote multinacional en el que la gran mayoría de los afectados eran hombres que tienen sexo con hombres, muchos de ellos no vacunados. Ese patrón, transmisión sexual entre adultos en lugar del contagio infantil por agua o alimentos, fue el mismo que se observó en Chile.
La hepatitis A se transmite por vía fecal-oral. En las prácticas sexuales, sobre todo las que implican contacto oral-anal, el virus pasa de una persona a otra con facilidad. Por eso, en poblaciones adultas con muchos contactos y baja inmunidad previa, el virus puede circular con rapidez.
¿Por qué hoy hay más adultos susceptibles en Chile?
Durante décadas Chile fue un país de alta endemia de hepatitis A: casi todos los niños se infectaban a corta edad, de forma habitualmente leve, y quedaban protegidos de por vida. Con la mejora del agua potable, el saneamiento y las condiciones de vida, esa exposición temprana se redujo mucho. Chile pasó a ser un país de endemia intermedia.
El resultado es una paradoja: al haber menos contagios en la infancia, hay más adolescentes y adultos que nunca se infectaron y que, por lo tanto, no tienen defensas. Esa bolsa creciente de personas susceptibles es lo que permite que, cuando el virus entra en circulación, se produzcan brotes como el de 2017.
¿Por qué preocupa más en adultos?
La hepatitis A casi siempre se cura sola y no se hace crónica, pero su gravedad depende mucho de la edad. En los niños suele pasar casi inadvertida. En los adultos, en cambio, tiende a dar más síntomas, ictericia más marcada y una recuperación más lenta. Una parte de los adultos requiere hospitalización, y aunque la insuficiencia hepática aguda es rara, es más probable en este grupo.
El riesgo es todavía mayor en dos situaciones:
- Personas con enfermedad hepática previa (hepatópatas), como quienes tienen hígado graso avanzado, hepatitis B o hepatitis C crónicas, o cirrosis. En ellas la hepatitis A puede descompensar un hígado ya dañado.
- Coinfección con VIH u otras condiciones que afectan la inmunidad.
En brotes recientes de transmisión entre personas, una proporción alta de los adultos afectados terminó hospitalizada, lo que confirma que en esta población la enfermedad dista de ser trivial.
¿Cómo prevenirla?
La medida más eficaz es la vacuna contra la hepatitis A, que es muy segura y ofrece protección prolongada. En un país de endemia intermedia como Chile, las recomendaciones internacionales apuntan a vacunar a los grupos con mayor riesgo de contagio o de enfermedad grave. Entre ellos:
- Hombres que tienen sexo con hombres.
- Personas con enfermedad hepática crónica de cualquier causa.
- Personas con VIH.
- Viajeros a zonas de alta circulación del virus.
- Personas que consumen drogas.
A esto se suman las medidas generales que reducen la transmisión: lavado de manos cuidadoso, higiene de los alimentos y, en el ámbito sexual, prácticas más seguras. Si tuvo un contacto de riesgo reciente, la vacuna aplicada de forma precoz también sirve como profilaxis después de la exposición; consúltelo pronto con su médico.
Si usted pertenece a alguno de los grupos de riesgo y no sabe si está protegido, converse con su médico. Un examen de sangre puede mostrar si ya tiene defensas (anticuerpos IgG contra el virus), y si no las tiene, la vacunación es la forma más segura de evitar la enfermedad.
Vea también
Referencias
- Ndumbi P, et al. Hepatitis A outbreak disproportionately affecting men who have sex with men (MSM) in the European Union and European Economic Area, June 2016 to May 2017. Euro Surveill. 2018;23(33):1700641.
- Nelson NP, et al. Prevention of Hepatitis A Virus Infection in the United States: Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices, 2020. MMWR Recomm Rep. 2020;69(5):1-38.
- Foster MA, et al. Widespread Hepatitis A Outbreaks Associated with Person-to-Person Transmission - United States, 2016-2020. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2022;71(39):1229-1234.
- Van Damme P, et al. Hepatitis A virus infection. Nat Rev Dis Primers. 2023;9(1):51.
- WHO position paper on hepatitis A vaccines: June 2012-recommendations. Vaccine. 2013;31(2):285-286.