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La albúmina es la proteína más abundante de la sangre y la produce solo el hígado. Por eso, medir la albúmina en un examen de sangre es una buena forma de estimar la función de síntesis del hígado, es decir, su capacidad de fabricar las proteínas que el cuerpo necesita. El valor normal en adultos está alrededor de 3,5 a 5 g/dL.
Si a usted le informaron una albúmina baja, lo primero que conviene saber es que este resultado por sí solo no basta para hacer un diagnóstico. La albúmina baja (hipoalbuminemia) aparece en la enfermedad hepática avanzada, pero también en problemas de nutrición, de riñón o del intestino. Su médico interpretará el valor junto con el resto de los exámenes y con su situación clínica.
¿Qué es la albúmina y para qué sirve?

La albúmina cumple varias tareas en el cuerpo. La más conocida es mantener la presión oncótica, esto es, retener el líquido dentro de los vasos sanguíneos para que no se escape hacia los tejidos. Además, transporta hormonas, medicamentos, bilirrubina y otras sustancias, y tiene funciones antioxidantes y de defensa.
En el organismo hay unos 500 g de albúmina, y el hígado produce alrededor de 15 g al día. Cuando hay pérdidas y el hígado funciona bien, esa producción puede duplicarse. La vida media de la albúmina en la sangre es de unos 20 días, por lo que sus niveles reflejan la función del hígado a lo largo de semanas, no de un día para otro.
¿Por qué baja la albúmina en la enfermedad del hígado?
En la enfermedad hepática crónica avanzada, sobre todo en la cirrosis de larga data, el hígado pierde la capacidad de fabricar albúmina en cantidad suficiente. Por eso una albúmina baja mantenida es una de las señales de que la función del hígado está deteriorada.
Hay un detalle importante que la investigación de los últimos años ha aclarado: en la cirrosis no solo baja la cantidad de albúmina, sino que la molécula que queda funciona peor. La inflamación y el estrés oxidativo propios de la enfermedad modifican la albúmina y reducen su capacidad de transporte y de defensa. Se habla entonces de una “albúmina efectiva” menor que la que muestra el número del examen.
La albúmina y la ascitis
La albúmina baja tiene un papel directo en la aparición de la ascitis, que es la acumulación de líquido en el abdomen, y en el edema (hinchazón) de las piernas. Al haber menos albúmina, disminuye la presión que mantiene el líquido dentro de los vasos, y ese líquido tiende a salir hacia el abdomen y los tejidos. En la cirrosis, además, se suma la hipertensión portal (aumento de presión en las venas del hígado), de modo que la ascitis casi siempre tiene más de una causa.
Por su papel en el equilibrio de líquidos, la albúmina no solo es un marcador: también se usa como tratamiento. En pacientes con cirrosis se administra albúmina por vía intravenosa en situaciones concretas, como después de sacar grandes volúmenes de líquido del abdomen (paracentesis de gran volumen), en la peritonitis bacteriana espontánea y en el síndrome hepatorrenal. Estudios recientes sugieren, además, que la albúmina de forma prolongada puede mejorar la evolución de algunos pacientes con cirrosis y ascitis, aunque esta indicación aún se está definiendo. La decisión siempre la toma su equipo médico.
Otras causas de albúmina baja
La disminución de la albúmina no es exclusiva de las enfermedades del hígado. Las causas más frecuentes son:
- Cirrosis y enfermedad hepática avanzada: el hígado produce menos albúmina.
- Pérdidas por el riñón (síndrome nefrótico): el riñón deja escapar albúmina por la orina. Suele acompañarse de hinchazón y de colesterol elevado.
- Desnutrición y problemas de absorción: cuando el aporte de proteínas es insuficiente o el intestino no absorbe bien los nutrientes, como en la enfermedad celíaca o en enfermedades inflamatorias del intestino.
- Inflamación y enfermedades crónicas: infecciones, cáncer, insuficiencia cardíaca o cualquier enfermedad grave pueden bajar la albúmina, en parte porque el hígado prioriza fabricar otras proteínas.
- Pérdidas por el intestino o por quemaduras extensas.
Por eso, ante una albúmina baja, el médico revisa la función del riñón, la orina, el estado nutricional y busca signos de inflamación antes de atribuirla al hígado.
La albúmina en los scores de pronóstico
La albúmina forma parte de la clasificación de Child-Pugh, una de las herramientas más usadas para estimar la gravedad y el pronóstico de la cirrosis. Este puntaje combina cinco variables: albúmina, bilirrubina, tiempo de protrombina (o INR), la presencia de ascitis y de encefalopatía hepática. Cuanto más baja está la albúmina, más puntos suma y peor es la categoría. La clasificación separa a los pacientes en tres grupos (A, B y C) que orientan sobre el riesgo y ayudan a tomar decisiones, incluida la evaluación para un trasplante hepático.
Niveles altos de albúmina
No hay enfermedades del hígado que suban la albúmina. Un valor algo elevado en un examen de rutina no suele indicar nada anormal y aparece con frecuencia en personas jóvenes y bien nutridas, o por deshidratación cuando la sangre está más concentrada.
Vea también
Referencias
- Pugh RN, Murray-Lyon IM, Dawson JL, Pietroni MC, Williams R. Transection of the oesophagus for bleeding oesophageal varices. Br J Surg. 1973;60(8):646-649.
- European Association for the Study of the Liver. EASL Clinical Practice Guidelines for the management of patients with decompensated cirrhosis. J Hepatol. 2018;69(2):406-460.
- Caraceni P, et al. Long-term albumin administration in decompensated cirrhosis (ANSWER): an open-label randomised trial. Lancet. 2018;391(10138):2417-2429.
- Bernardi M, et al. Albumin in decompensated cirrhosis: new concepts and perspectives. Gut. 2020;69(6):1127-1138.
- Garcia-Martinez R, et al. Albumin: pathophysiologic basis of its role in the treatment of cirrhosis and its complications. Hepatology. 2013;58(5):1836-1846.