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Si a usted le dijeron que tiene hígado graso, lo más probable es que haya quedado con dudas. El hígado graso es la enfermedad del hígado más frecuente, en la mayoría de las personas es benigna y responde muy bien a los cambios en el estilo de vida. Estas son las preguntas que con más frecuencia hacen los pacientes en la consulta, respondidas de forma directa.

1. ¿Qué es el hígado graso?

El hígado graso es la acumulación de grasa dentro de las células del hígado. Desde 2023 la nomenclatura internacional cambió: lo que antes se llamaba “hígado graso no alcohólico” (NAFLD) hoy se denomina enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, cuya sigla en inglés es MASLD. El nuevo nombre describe mejor el origen metabólico de la enfermedad y deja de lado términos que resultaban confusos o estigmatizantes. Si en sus exámenes aparece “esteatosis hepática”, “hígado graso” o “MASLD”, se están refiriendo a lo mismo.

2. ¿Es grave el hígado graso?

Para la mayoría de las personas, no. La mayor parte de quienes tienen hígado graso nunca desarrollará una enfermedad hepática con consecuencias graves. El riesgo se concentra en un grupo más pequeño, en el que la grasa se acompaña de inflamación y con los años puede producir fibrosis (cicatriz) y cirrosis. Por eso lo importante no es tanto tener grasa, sino saber si hay fibrosis. Además, conviene recordar que la principal causa de muerte en las personas con hígado graso no es el hígado, sino la enfermedad cardiovascular, así que cuidar el corazón es parte del tratamiento.

3. ¿Cuáles son los síntomas?

Habitualmente ninguno. El hígado graso suele descubrirse por casualidad, en una ecografía pedida por otro motivo o por transaminasas levemente elevadas en un examen de sangre. Algunas personas notan una molestia leve en el costado derecho del abdomen. Los síntomas de enfermedad hepática avanzada, como ictericia o hinchazón abdominal, aparecen solo cuando ya hay cirrosis y son la excepción.

4. ¿Por qué se produce?

El hígado graso está estrechamente ligado a la forma en que el cuerpo maneja el azúcar y las grasas. El mecanismo central es la resistencia a la insulina, que favorece que la grasa se deposite en el hígado. Por eso aparece con frecuencia junto a sobrepeso u obesidad (en especial la grasa abdominal), diabetes tipo 2 o prediabetes, colesterol o triglicéridos altos, y presión arterial elevada. También puede aparecer en personas delgadas, por lo que la ausencia de estos factores no descarta el diagnóstico.

5. ¿Es hereditario?

No es una enfermedad hereditaria en sentido estricto, pero sí existe cierta predisposición genética a acumular grasa en el hígado, y las familias suelen compartir hábitos de alimentación y actividad física que favorecen su aparición. Que un familiar tenga hígado graso no significa que usted vaya a tenerlo, ni que no pueda revertirlo con cambios en el estilo de vida.

6. ¿Se cura el hígado graso?

En gran parte de los casos, sí. Una de las características más importantes del hígado graso es su reversibilidad. Bajar de peso, mejorar la alimentación y aumentar la actividad física pueden hacer desaparecer la grasa del hígado e incluso mejorar la fibrosis cuando ya existe. Una reducción del 7 al 10% del peso corporal produce beneficios claros. No es un cambio de un día para otro, pero es alcanzable y sostenible.

7. ¿Qué dieta debo seguir?

No existe una “dieta del hígado graso” única, pero sí un patrón bien respaldado. La base es reducir el azúcar, las bebidas azucaradas y las harinas refinadas (pan blanco, pastas, arroz, papas en exceso), y aumentar las verduras, las legumbres, el pescado, los frutos secos y el aceite de oliva. La dieta mediterránea es la de mayor evidencia, porque mejora el hígado y al mismo tiempo protege el corazón. Puede ver recomendaciones prácticas en nutrición e hígado.

8. ¿Me sirve hacer ejercicio?

Mucho. La actividad física es una de las formas más efectivas de reducir la grasa del hígado, incluso cuando el peso baja poco. Lo ideal es una combinación de ejercicio aeróbico regular (caminar rápido, trotar, andar en bicicleta o nadar, 3 a 4 veces por semana) y algo de fuerza. Conviene empezar de forma gradual y, si usted tiene factores de riesgo cardiovascular, consultar antes de iniciar un plan intenso.

9. ¿Puedo tomar alcohol?

Lo recomendable es evitarlo. En una persona con hígado graso, el alcohol suma un daño que se agrega al metabólico y puede acelerar la progresión hacia la fibrosis. Cuando hay consumo relevante de alcohol junto a factores metabólicos, se habla de MetALD, una categoría intermedia definida en la nueva nomenclatura. Suspender el alcohol tiene un beneficio adicional: reduce calorías y ayuda a bajar de peso.

10. ¿Necesito una biopsia?

La mayoría de las veces no. Hoy la evaluación de la fibrosis se hace en gran parte con métodos no invasivos, como el índice FIB-4 (que combina edad, transaminasas y plaquetas) y la elastografía (por ejemplo FibroScan), que mide la rigidez del hígado. La biopsia hepática se reserva para los casos en que persiste la duda o se sospecha otra enfermedad del hígado.

11. ¿Qué medicamentos existen?

La base del tratamiento sigue siendo el estilo de vida, no un remedio. Dicho eso, el panorama farmacológico avanzó. En personas con esteatohepatitis (MASH, la forma con inflamación) y fibrosis significativa, en 2024 se aprobó en Estados Unidos el resmetirom, el primer fármaco específico, que en un estudio de fase 3 mejoró la inflamación y la fibrosis del hígado. Los medicamentos para la diabetes y la obesidad, como los agonistas de GLP-1 (semaglutida) y la tirzepatida, también muestran resultados prometedores. La indicación de estos medicamentos siempre debe hacerla su médico.

12. ¿Cómo se gradúa la gravedad y qué controles necesito?

El hígado graso se distingue entre la forma simple (solo grasa) y el MASH, cuando además hay inflamación y daño de las células. Lo que define el pronóstico es la cantidad de fibrosis, que se estima con el FIB-4 y la elastografía. En la práctica, si usted tiene hígado graso, el seguimiento se centra en tres cosas: controlar la fibrosis del hígado, manejar la diabetes, el colesterol y la presión, y mantener los cambios de estilo de vida en el tiempo. Con eso, la gran mayoría de las personas mantiene un hígado sano.

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Referencias

  1. Rinella ME, et al. A multisociety Delphi consensus statement on new fatty liver disease nomenclature. J Hepatol. 2023;79(6):1542-1556.
  2. Rinella ME, et al. AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease. Hepatology. 2023;77(5):1797-1835.
  3. EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the Management of Metabolic Dysfunction-Associated Steatotic Liver Disease (MASLD). Obes Facts. 2024;17(4):374-444.
  4. Harrison SA, et al. A Phase 3, Randomized, Controlled Trial of Resmetirom in NASH with Liver Fibrosis. N Engl J Med. 2024;390(6):497-509.
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