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La hepatitis herpética es la inflamación del hígado causada por el virus herpes simple (VHS), el mismo que produce el “fuego” en los labios o el herpes genital. Es una causa muy rara de daño hepático, pero cuando ocurre puede provocar una falla hepática aguda grave y de rápida evolución. Lo más importante que usted debe saber es que se trata de una emergencia potencialmente mortal en la que el diagnóstico precoz y el inicio inmediato de aciclovir intravenoso pueden salvar la vida.

Afecta sobre todo a dos grupos: embarazadas, en especial en el tercer trimestre, y personas inmunocomprometidas (con defensas bajas). Una dificultad clave es que en la mayoría de los casos no hay ampollas ni lesiones en la piel que hagan pensar en un herpes, por lo que el médico debe sospecharla ante una falla hepática aguda sin causa clara en estos grupos de riesgo.

¿Qué es el virus herpes simple?

El virus herpes simple es un virus muy común. Existen dos tipos: el VHS-1, asociado clásicamente a lesiones en los labios, y el VHS-2, asociado al herpes genital. Ambos pueden causar hepatitis. La mayoría de las personas se infecta en algún momento de la vida, casi siempre sin consecuencias graves.

Después de la primera infección, el virus no desaparece: queda “dormido” (latente) en los ganglios nerviosos y puede reactivarse años después. Estas reactivaciones suelen ser leves y locales, pero en ciertas condiciones el virus se disemina por la sangre y compromete órganos internos, entre ellos el hígado.

Virus herpes simple

¿Quiénes tienen más riesgo?

La hepatitis herpética grave es excepcional en personas sanas. El riesgo aumenta cuando las defensas están disminuidas o durante el embarazo:

  • Embarazo, sobre todo el tercer trimestre. El embarazo produce un estado de menor inmunidad que favorece la diseminación del virus.
  • Inmunosupresión por VIH avanzado, quimioterapia, cáncer de la sangre o enfermedades que debilitan las defensas.
  • Receptores de trasplante de órganos o de médula ósea, por los medicamentos que evitan el rechazo.
  • Uso de corticoides (esteroides) u otros inmunosupresores.
  • Recién nacidos, que pueden infectarse durante el parto.

En algunos casos, sin embargo, la hepatitis herpética aparece en personas previamente sanas, lo que hace aún más difícil sospecharla.

¿Qué síntomas produce?

Los síntomas iniciales son inespecíficos y se parecen a los de muchas otras enfermedades, lo que explica por qué el diagnóstico se retrasa con frecuencia. Los más comunes son:

  • Fiebre, presente en la gran mayoría de los casos.
  • Dolor abdominal, sobre todo en el lado derecho.
  • Malestar general, náuseas y vómitos.
  • Falta de apetito.

A medida que avanza aparecen los signos de falla hepática aguda: alteración de la coagulación, confusión (encefalopatía) y compromiso de otros órganos. Un dato característico es que las lesiones típicas del herpes en la boca o los genitales están ausentes en la mayoría de los pacientes, por lo que su falta no descarta el diagnóstico.

¿Cómo se diagnostica?

El primer paso es la sospecha clínica: pensar en el virus herpes simple ante una embarazada o una persona inmunocomprometida con fiebre y falla hepática aguda de causa no aclarada. Hay un patrón de laboratorio que ayuda a orientar el diagnóstico:

  • Transaminasas (GOT/GPT) muy elevadas, muchas veces cientos de veces por encima de lo normal.
  • Bilirrubina relativamente baja para lo dramático del cuadro (a esto se le llama hepatitis “anictérica”, es decir, sin ictericia marcada).
  • Descenso de los glóbulos blancos y alteración de la coagulación.

La confirmación se hace detectando el material genético del virus en la sangre mediante PCR de VHS, un examen rápido y sensible. Cuando hay lesiones en la piel o mucosas también puede estudiarse esa secreción. En algunos casos se recurre a la biopsia hepática para confirmar el diagnóstico. Lo esencial es que el tratamiento no debe esperar a la confirmación cuando la sospecha es alta.

¿Cómo se trata?

El tratamiento es el aciclovir por vía intravenosa, un antiviral que actúa directamente contra el virus herpes simple. La clave del pronóstico es el tiempo: iniciar el aciclovir de forma precoz, incluso de manera empírica (antes de tener la confirmación), reduce de forma importante la mortalidad.

Por eso, en la práctica actual se recomienda iniciar aciclovir empírico ante toda falla hepática aguda de causa no aclarada, en especial en embarazadas e inmunocomprometidos, sin esperar el resultado de la PCR. En los casos más graves puede ser necesario el trasplante hepático de urgencia. En las raras situaciones de resistencia al aciclovir se emplea foscarnet.

Sin tratamiento, la hepatitis herpética tiene una mortalidad muy alta. Con sospecha precoz y aciclovir oportuno, el pronóstico mejora de manera notable. Ese es el mensaje central de este artículo: ante una falla hepática aguda inexplicada en una persona de riesgo, no hay que perder tiempo.

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Referencias

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