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La hepatitis D, también llamada hepatitis delta, es una infección que solo puede existir en una persona que tiene el virus de la hepatitis B. Puede producir una enfermedad más agresiva y acelerar la aparición de fibrosis, cirrosis y cáncer de hígado.

Como muchas personas no tienen síntomas, la forma de encontrarla es hacer el examen. Las recomendaciones actuales favorecen estudiar al menos una vez a toda persona con HBsAg positivo, y repetirlo si aparece una nueva exposición o una evolución que no se explica por la hepatitis B sola.

¿Quién debería hacerse el examen?

El estudio corresponde en personas con HBsAg positivo, especialmente si existe alguno de estos antecedentes:

  • Nacimiento o residencia en una zona donde la hepatitis D es más frecuente.
  • Uso actual o previo de drogas inyectables.
  • VIH o hepatitis C.
  • Pareja o conviviente con hepatitis D.
  • Hombres que tienen relaciones sexuales con hombres o múltiples parejas sexuales.
  • Transaminasas elevadas pese a una carga viral baja o controlada de hepatitis B.
  • Cirrosis o enfermedad hepática que progresa más rápido de lo esperado.

La ausencia de estos factores no descarta la infección. Por eso varias guías recomiendan una prueba universal en quienes viven con hepatitis B, cuando el examen está disponible.

¿Qué examen se solicita primero?

El primer examen es el anticuerpo anti-HDV. Un resultado positivo indica que la persona estuvo expuesta al virus, pero no demuestra que la infección siga activa.

El paso siguiente es medir el ARN del HDV mediante una prueba molecular. Si el ARN es detectable, existe infección activa y la persona necesita evaluación por un especialista. Como las pruebas pueden variar entre laboratorios, conviene realizarlas en un centro con experiencia.

Coinfección y sobreinfección

La hepatitis D puede adquirirse de dos maneras:

  • Coinfección: los virus B y D se adquieren al mismo tiempo. Puede causar una hepatitis aguda intensa, pero con frecuencia ambos virus se eliminan.
  • Sobreinfección: una persona que ya tenía hepatitis B crónica adquiere después hepatitis D. Esta situación tiene mayor probabilidad de hacerse crónica y avanzar con rapidez.

El médico interpreta el HBsAg, anti-HBc IgM, carga viral de hepatitis B, ARN de hepatitis D y transaminasas para distinguir estas situaciones.

¿Qué ocurre si el resultado es positivo?

Una infección activa requiere evaluar fibrosis mediante elastografía u otros métodos, buscar signos de hipertensión portal y mantener vigilancia de hepatocarcinoma cuando corresponde. También se revisan alcohol, hígado graso y otras causas que puedan sumar daño.

El tratamiento ha cambiado. El interferón pegilado puede utilizarse en algunos pacientes, y bulevirtida está aprobada en Europa para hepatitis D crónica compensada. Existen además nuevos tratamientos en investigación.

¿Se puede prevenir?

No existe una vacuna específica contra el virus D, pero la vacuna contra la hepatitis B también previene la hepatitis D, porque el virus delta necesita al VHB para infectar. La vacunación protege a quienes todavía no tienen hepatitis B. En una persona ya portadora de HBsAg, la vacuna no elimina el riesgo, por lo que debe evitar la exposición a sangre y usar barreras en las relaciones sexuales según su situación.

Detectar la hepatitis D cambia el seguimiento y puede cambiar el tratamiento. Por eso no debería quedar fuera del estudio de una hepatitis B crónica.

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Referencias

  1. European Association for the Study of the Liver. EASL Clinical Practice Guidelines on hepatitis delta virus. J Hepatol. 2023;79(2):433-460.
  2. World Health Organization. Guidelines for the prevention, diagnosis, care and treatment for people with chronic hepatitis B infection. Geneva: World Health Organization; 2024.
  3. Wedemeyer H, Aleman S, Brunetto MR, et al. A Phase 3, Randomized Trial of Bulevirtide in Chronic Hepatitis D. N Engl J Med. 2023;389(1):22-32.
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