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Si en una ecografía o un escáner de abdomen le encontraron un quiste en el hígado, lo más probable es que se trate de un quiste hepático simple: una lesión benigna, muy frecuente y que en la gran mayoría de las personas no da ningún problema. No es un tumor, no se transforma en cáncer y casi nunca necesita tratamiento.

Un quiste es simplemente una cavidad llena de líquido. El quiste hepático simple tiene una pared tan fina que apenas se ve, contiene un líquido claro parecido al agua y no se comunica con la vía biliar. Suele aparecer como un hallazgo casual, es decir, se descubre por azar en un examen de imágenes pedido por otro motivo.

¿Qué tan frecuente es?

Muy frecuente. Con el uso cada vez más habitual de la ecografía y el escáner, los quistes hepáticos simples se detectan en una proporción importante de la población, y esa proporción aumenta con la edad. Son más comunes en las mujeres, sobre todo los quistes de mayor tamaño. Su tamaño varía desde pocos milímetros hasta, en casos poco frecuentes, lesiones de varios centímetros.

¿Da síntomas?

Habitualmente no. La mayoría de los quistes hepáticos simples son silenciosos y la persona vive con ellos sin enterarse. Cuando el quiste es grande (por lo general sobre 4 cm) pueden aparecer molestias inespecíficas como dolor o pesadez en el costado derecho del abdomen, sensación de saciedad temprana al comer o náuseas.

Conviene ser prudente al atribuir estos síntomas al quiste, porque muchas veces se originan en otras causas, como el síndrome de intestino irritable, un dolor lumbar o cálculos en la vesícula. Las complicaciones, como hemorragia dentro del quiste, infección, torsión o rotura, son raras y se ven casi solo en quistes grandes.

¿Cómo se estudia?

En la mayoría de los casos, la ecografía abdominal basta para el diagnóstico. El quiste hepático simple típico se ve como una lesión redondeada, anecogénica (negra, porque el líquido no refleja el ultrasonido), sin tabiques en su interior, de paredes imperceptibles y con un característico reforzamiento por detrás. Cuando la imagen tiene todas estas características y el quiste es de tamaño pequeño a moderado, no se necesitan más exámenes.

El escáner (TAC) y la resonancia magnética muestran una lesión con densidad de agua que no capta el medio de contraste. Se reservan para las dudas: quistes con paredes gruesas, tabiques, calcificaciones o contenido que no parece líquido puro. En esos casos hay que pensar en otras lesiones.

¿Con qué se puede confundir?

El diagnóstico diferencial del quiste hepático simple incluye:

  • Quiste hidatídico: producido por el parásito Echinococcus granulosus (equinococosis o hidatidosis). Es relevante en Chile, sobre todo en zonas rurales y ganaderas del sur y de la Patagonia, donde el ciclo del parásito se mantiene entre perros y ovejas. A diferencia del quiste simple, suele tener paredes gruesas, calcificaciones, tabiques o quistes hijos en su interior. Ante la sospecha se pide serología (anticuerpos) y se evita puncionarlo sin preparación, porque la salida de líquido puede provocar una reacción alérgica grave y diseminar el parásito. La Organización Mundial de la Salud clasifica estos quistes por imágenes para decidir entre observación, medicamentos (albendazol), punción o cirugía.
  • Enfermedad poliquística: cuando hay muchos quistes en el hígado, se debe pensar en la enfermedad poliquística hepática, que a menudo se asocia a quistes en los riñones (enfermedad renal poliquística autosómica dominante). Es una condición distinta del quiste simple aislado.
  • Absceso: una colección de pus, que se acompaña de fiebre, dolor y alteraciones en los exámenes de sangre, como proteína C reactiva elevada.
  • Cistoadenoma y cistoadenocarcinoma: tumores quísticos poco frecuentes, uno benigno y otro maligno. Tienen paredes gruesas, tabiques o nódulos, y su tratamiento es quirúrgico.
  • Metástasis o tumores con centro líquido: algunos tumores pueden tener una zona necrótica que simula un quiste, pero el resto de la imagen y el contexto clínico permiten distinguirlos.

Tratamiento

La gran mayoría de los quistes hepáticos simples no requieren ningún tratamiento. Si el quiste es pequeño y de aspecto típico, no hace falta siquiera repetir la ecografía. En quistes grandes puede indicarse un control de imágenes a los pocos años, y si no crece, se suspende el seguimiento.

El tratamiento se reserva para los quistes grandes que producen síntomas claros y persistentes. La opción de elección es la cirugía, en general por laparoscopía, mediante el destechamiento o fenestración del quiste, que consiste en abrir y extirpar parte de su pared para que el líquido drene de forma definitiva a la cavidad abdominal. La simple aspiración con aguja casi nunca resuelve el problema, porque el quiste se vuelve a llenar; para reducir esa recurrencia a veces se combina con la inyección de una sustancia esclerosante. Estas decisiones siempre las toma su médico según el tamaño, los síntomas y el estado general.

El mensaje de fondo es tranquilizador: en la práctica, un quiste hepático simple es un hallazgo sin consecuencias, que no acorta la vida ni obliga a cambiar sus hábitos.

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Referencias

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